Piden resetear el gobierno, cambiar ministros y enfoque decisivo en la precariedad ciudadana

La vulnerabilidad sostenida de la mujer paraguaya traducida en denuncias de maltrato, precariedad y feminicidios, ha acumulado críticas contra la ministra de la Mujer, Alicia Pomata, que está en la cuerda floja. 

Cuando apenas transcurren horas del entronamiento de Pedro Alliana como presidente del Paraguay hasta el 2028, emergen incesantes las críticas y planteamientos para que funcione la República y deje de ser territorio reservado de privilegios para el poder y su entorno.

Una de las primeras exigencias es la renuncia de todos los ministros en funciones mientras un equipo evaluador pone en el haber los resultados obtenidos en los tres años de gobierno de Peña y determine eventuales rekutú o nuevos nombramientos basados en la capacidad, aptitud y espíritu de servicio público de potenciales candidatos a secretarios de Estado.

«Hay secretarías de gobierno que deben desaparecer o fusionarse con ministerios de servicio relevante», opina un conocido politólogo tras nombrar explícitamente a la Secretaría de la Mujer, Secretaría de la Niñez y la Adolescencia, Secretaría de la Juventud y Secretaría de Repatriados como elefantes blancos que devoran el presupuesto público sin aportar resultados significativos al país.

«Mujer, Niñez y Juventud pueden fusionarse en una sola dependencia pública, lo que implicará seguramente menos gasto público con iguales o incluso mejores resultados a nivel poblacional», recalcó el especialista.

Alliana se cuidó en sus primeras horas de gobierno de adelantar planes de gobierno, pero trascendió de fuentes de su entorno que con seguridad cambiará a ministros «marcados» por su ineficiencia o que arrastran problemas de otra índole que inciden negativamente en su gestión pública o en la confianza de la gente.

Un enfoque repetido en el sector de los «comunes» es la necesidad de que el nuevo gobierno se concentre en sacar de la precariedad a la gente, afectada por el incremento sostenido del costo de vida, el precio prohibitivo de alimentos otrora imprescindibles en la mesa familiar como la carne, y la suba astronómica del precio de combustibles, que impacta con fuerza en la economía, entre otros infortunios.

El nuevo gobierno está obligado a resetearse; de otra manera, continuarán campantes vicios del gobierno anterior que terminaron por elevar la irritación ciudadana con el escándalo de Ueno, donde hay evidencias frustrantes del involucramiento de la cúpula del poder en los negociados feroces que ponen de rodillas a casi 3 millones de personas, perjudicadas directa o indirectamente por el infame culebrón que, por el momento, mandó a prisión preventiva a 7 jerarcas de la entidad financiera convertida en saqueadora de fondos y arruinadora de sueños, por un lado, y en otro frente la destitución deshonrosa del presidente Santiago Peña, que por el momento mantienen en caliente el escrutinio del país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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