Desgarrador lamento de roquealonseños: «Calles en estado catastrófico gritan la infamia liberal»

Los conductores son obligados a lidiar con el fango para sortear las trampas callejeras que se multiplican como hongos en cada barrio. Vecinos decepcionados califican la anterior gestión de la intendenta Aranda como «desastrosa».

Testimonios lacerantes se dejan leer en las redes sociales luego de la caída estrepitosa del reinado liberal en la ciudad de Mariano Roque Alonso a manos del delfín colorado Julián Vega, quien pulverizó los afanes continuistas de la oposición agavillada manejada entre bambalinas por la cuestionada exintendenta efrainista, Carolina Aranda.

Indignados sociales relajaron por un instante su decencia verbal para rebuscar descalificativos de valor que puedan exponer a cuerpo entero «el calvario penoso que venimos soportando desde hace años, en coincidencia con el desgobierno de Aranda», expresó Eliseo Zenteno Arias.

El indignado no ocultó su ira como consecuencia de las decepciones en cadena padecidas durante la administración liberal.

«Nos hemos hartado de ir a la Municipalidad para hablar con la entonces intendenta sobre la situación de desastre en que se encontraban las calles de nuestro barrio San Luis, en el entorno del Aeropuerto Internacional, y nunca fuimos recibidos, como sí lo fueron correligionarios de Aranda, que tomaron la Municipalidad como feudo partidario», añadió contrariado.

Explicó que todos los barrios de la ciudad, incluso los ubicados en plena zona urbana, sufren las secuelas de la desidia, la apatía y el abandono de parte de la administración municipal saliente.

«Eso sí, la señora Aranda se encargó personalmente de mantener la calle de su casa como mesa de billar, en una muestra de privilegio negada sistemáticamente al resto de la población, que debía acudir a carritos para rellenar con tierra las zanjas multiplicadas como hongos en las calles, por donde deben transitar a diario miles de ciudadanos rumbo a sus lugares de trabajo y estudiantes con ganas de llegar sin manchas de barro a sus lugares de estudio», se quejó una madre indignada.

Según datos a los que accedió La Mira, Aranda «no tenía tiempo» para atender los reclamos de la gente, sino dedicar su rutina a actividades partidarias y a su exclusivo entorno familiar.

El intendente colorado electo, Julián Vega, emerge como esperanza de cambio en una ciudad con perfil aldeano, pésimos servicios y una infraestructura lamentable.

Poco después de conocer los resultados comiciales que le daban como ganador, Vega se dirigió el pasado domingo a la ciudadanía y, tras agradecer la confianza depositada en su persona, agradeció en primer lugar a su mentor y fiel ayudador.

«Mi jefe de campaña fue Dios», afirmó, y valoró el acompañamiento de ciudadanos que, despojados de banderías y con el solo afán de mejores días para la ciudad y su gente, optó por el cambio,  en comicios que, apenas semanas antes, se presentaban complicadas.

De acuerdo a los datos, la reparación de las calles en desastroso estado, legadas como «trofeo griego» por la administración Aranda, figura entre las prioridades de gestión del intendente electo.

 

 

 

 

 

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