Calles vacías en vías acostumbradas al tráfico intenso un domingo radiante en Asunción
La avenida Aviadores del Chaco habitualmente luce cargada de vehículos a cualquier hora del día, pero este hermoso domingo aparece vacía, en medio de críticas multiplicadas a Ueno por la falta de dinero.
Este domingo brillante la ciudad de Asunción amaneció silenciosa, como pocas veces en cualquier época del año, coinciden en expresar vecinos extrañados por el hecho mientras otras personas sugieren que se debería al mal momento que enfrenta la mayoría de los 2.800.000 clientes defraudados en el caso Ueno que no disponen aún de sus recursos para ensayar un paseo o incluso hacer compras que pueden ser postergadas para más adelante, cuando la situación mejore.
«Ni en Viernes Santo se vio este panorama de vacío total», afirmó alrededor de la media mañana a La Mira un frentista de Aviadores del Chaco, mientras observaba el movimiento esporádico de motos de comida rápida como excepciones a la regla que se mantuvo hasta cerca del mediodía, cuando la gente comenzó a ganar espacio público para ganar los supermercados y shoppings, especialmente.
Vías públicas usualmente cargadas de tráfico como las avenidas Mariscal López, Aviadores del Chaco y la propia Eusebio Ayala, una de las más congestionadas del país, pudieron ser cruzadas por peatones sin necesidad de mayores cuidados porque las calzadas lucían despejadas sin los ruidos habituales.
La avenida Eusebio Ayala, principal vía de entrada y salida de la capital, por donde transitan a diario unos 40.000 vehículos, parecía un desierto este domingo.
«Pocas veces, por no decir nunca, se ha visto semejante vacío en esta avenida, por donde el cruce suele ser caótico en cualquier día ante la falta de agentes de la policía municipal embelesados en coimear», comentó un vendedor de comida instalado en las cercanías de la avenida República Argentina, normalmente saturado de tráfico.
En redes sociales, la gente presume que la situación estaría directamente relacionada con la situación de Ueno Bank, que fue a la quiebra y dejó técnicamente en la calle a su cartera de clientes, estimada en 2.800.000 personas, entre ellas empleados, funcionarios públicos, jubilados e instituciones y entidades que movilizaban sumas siderales en ahorros e inversión.
«La gente no tiene plata, muchos ni siquiera cuentan con recursos para comprar combustible para sus vehículos, y deben quedar obligadamente en sus casas a la espera de tiempos mejores», opinó una indignada.
Otras personas lamentaron el cuadro patético de una ciudad apagada, carente del brillo habitual de cualquier domingo del año, cuando la gente gana las calles para desperezarse, ir al supermercado o conseguir un lugar en los shoppings para disfrutar en familia o deleitarse del colorido atrayente de exhibidores o escaparates.
En cualquier caso, el impacto de sucesos registrados en el entorno del poder nacional y en el ambiente financiero, especialmente, alcanza a la población, obligada a recluirse en cuarteles de invierno para tomar aire, relajarse y tratar de pasar lo mejor posible con los medios disponibles, hasta que pase la tormenta.
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