En plena pandemia, enfermeras de un hospital público salen a la calle a pedir insumos y medicamentos para enfermos de covid. Esta es la realidad negada por Marito que, en contrapartida, declara un sistema sanitario de ensueño como burla a los pacientes.

“La inversión en salud realizada durante este gobierno no tiene precedentes en todo el período democrático. La crisis sanitaria ocasionada por la pandemia se hizo frente con un incremento inédito en unidades de terapia intensiva, unidades de salud familiar, contratación de personal de blanco y obtención de vacunas para el covid”.

Este es parte del informe de gestión que el presidente Mario Abdo Benítez ofreció ante el Congreso nacional ante la desaprobación generalizada por tratarse, según las críticas, de un compendio de mentiras y burlas a la ciudadanía, cansada de la ineficiencia gubernamental, la corrupción galopante, la impunidad y, en el lado opuesto, la inseguridad, la pobreza, los pésimos servicios públicos y la politiquería barata en un año eminentemente electoral.

En su mensaje, leído desde las comodidades de su termo dorado que es el Palacio de López, y rodeado de sus serviles, se refirió al tema “Salud” y lo pintó de maravillas, como si el pueblo no existiera o careciera de memoria, mientras aún llora la muerte de sus familiares por covid y, en paralelo, los fallecimientos silenciosos cuan dolorosos de centenares de pacientes con cáncer y otras dolencias críticas que sucumben ante la realidad de un sistema de salud atestado de carencias y corrupción.

El pueblo paraguayo se endeudó por más de 4.000 millones de dólares para darle al gobierno la financiación adecuada contra la pandemia traducida en un protocolo internacional de lucha que, en el caso del “Paraguay de la gente” resultó en una repartija colosal de recursos y la creación de nuevos multimillonarios, mientras la población era obligada a recluirse con el estómago vacío y los hospitales colapsaban por falta de camas, oxígeno y médicos, en una escena propia de tiempos de guerra donde el sálvese quien pueda ha sido la constante en medio del mar de precariedades.

Mientras más llegaban los recursos y donaciones las muertes se multiplicaban; en contrapartida, el presidente del país se llamaba a silencio aislado en su termo de oro y, en la calle, compatriotas golpeados en su salud, su bolsillo y su moral, se daban golpes de impotencia preguntándose dónde estaban sus autoridades.

Si, en vez de robar, Marito invertía los millones de dólares recabados del exterior, miles de muertes de paraguayos se hubieran evitado y la economía no hubiera acusado el rigor del desastre en que se encuentra, salvada apenas por la iniciativa privada que levanta al país a fuerza de trabajo e inversión real.

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