Oficialismo colorado, obligado a pactar con tirios y troyanos para evitar otro nicanorazo

Published On: octubre 21, 2026

Hugo Velázquez, caudillo republicano proveniente de la cantera de escombros políticos devenido en «esperanza» colorada tras el puntazo de la oposición en Asunción y la fractura visceral instalada en el interior de la ANR. (Foto: Diario La Nación).

El horno no está para bollos en el campamento colorado oficialista luego de la derrota municipal en Asunción por apenas 5.000 votos de diferencia que, sin embargo, aporta un antes y un después de la luna de miel que venía disfrutando el oficialismo cartista con el poder de la República.

La situación declarada ha entrado en un limbo de conflictos de aún impredecibles consecuencias, desde el momento que el líder de la Junta de Gobierno, Horacio Cartes, técnicamente ha tirado la toalla en materia de designación o bendición de candidaturas para los cargos electivos de peso de las próximas elecciones generales del 2028.

Que Cartes se haya negado a presentar en sociedad a un ahijado como candidato a presidente de la República revela la grieta profunda generada en el corazón del Partido Colorado por obra y gracia de la oposición unida que, tal vez sin haberse propuesto, disparó un dardo venenoso que no solo produce intoxicación política sino genera reacciones en cadena en medio de los apurones republicanos por tratar de sacar la mejor tajada del momento.

Así las cosas, la pelota gira en terreno anegadizo, con protagonistas emergidos de variopintos escenarios, incluidos escombros políticos que en el pasado impregnaron su impronta de discrepancia y escándalo en el escenario republicano como los denominados «significativamente corruptos», una etiqueta posiblemente creada en laboratorio que, como se sabe, salpicó en grado sumo al mismo expresidente Cartes y, en exclusividad, a la cantera cartista en el poder, pasando por alto cualquier iniciativa por poner contra la pared la dignidad de opositores.

El aislamiento sorpresivo y suspicaz generado por Cartes tras esquivar olímpicamente cualquier compromiso con un potencial presidenciable despeja el camino para la intrusión de cualquier candidato con intención de presidenciar, para lo cual requerirá imperiosamente el concurso de la rebeldía contestaria, con la posibilidad abierta de generar alianzas a tontas y locas, con excepciones especiales en la particular fauna política donde no siempre gana el mejor sino, irónicamente, muchas veces se impone el peor.

Imperativamente, el cartismo necesita el apoyo de la disidencia abdista y lilianista si pretende incursionar con fuerza en la lucha presidencial.

En la contracara, la oposición unida se apresta a dar otro manotazo de sorpresa similar al que acaba de redituarle un golpe demoledor en la Intendencia asuncena y también en Ciudad del Este, a la sazón el segundo bastión electoral del país, lo cual provocó un susto mayor en la maquinaria de poder electoral oficialista  y ha instalado un halo de inseguridad tal que en sufragios puede ser devastador.

El sueño de otro nicanorazo aflora latente en el mundillo político nacional, con oficialistas temerosos de otra derrota histórica en manos de la oposición unida, como ocurrió en el 2008, y en otro frente la debilidad granítica expuesta por el cartismo como trofeo en bandeja de plata para la oposición sedienta de poder.

 

 

 

 

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