Santi aplica feroz estocada a la producción y suma repulsa por inesperada suba del diésel
Los indignados grafican el pico de la manguera con el pinchazo a su economía provocado por el decreto de Santi, que acumula puntos en contra por sus medidas impopulares y extendidamente complicadas para los «comunes».
El Gobierno nacional ha decretado nuevamente un impopular y pernicioso incremento de precios del combustible diésel y aguarda seguramente otro momento para aplicar la misma estocada perjudicial a las naftas y demás carburantes, generando una ola de descontento que suma puntos contra la política de gestión del presidente Santiago Peña, quien autorizó las subas en medio de graves problemas de seguridad y transparencia, y cuando no pasa un día sin que salgan a la luz pública casos sonoros de corrupción.
Los golpes incrementales benefician al oficial emblema Petropar y la mayoría de los servicentros privados que, de esta manera, amanecieron este miércoles 28 de octubre con mejoras sustanciales en sus recaudaciones, llamadas engañosamente «ajustes».
El Gobierno ha venido acostumbrando a despertar a la ciudadanía con este tipo de golpe emocional que genera incertidumbre y desconfianza desde el momento que no existe un informe oficial claro que justifique semejantes subas de precios y cuando se sabe que el mercado internacional de petróleo se mantiene estable, aunque con rumores incrementales en caso de que resurja la guerra en Medio Oriente.
Petropar, referente estrella de la política de combustible en el país, va a cobrar desde este miércoles la siguiente nueva escala de precios: Diésel Porâ: G. 9.285 por litro (subió G. 500 por litro); diésel Mbareté: G. 11.395 por litro (subió G. 600 por litro); nafta Kapé 88:G. 6990 por litro; nafta Oikoité 93: G. 7.490 por litro y nafta Aratirí: G. 8.990 por litro (las naftas no sufren aún variaciones).
El gasoíl es el combustible utilizado para mover la maquinaria rural para la producción de alimentos, industria y servicios, preferentemente.
Por este motivo, el sector más golpeado por el decreto de Santi, que seguramente tendrá impacto muy pronto en el precio de vida en Paraguay, es la población de mediano y escasos recursos que deberán ajustar nuevamente el cinturón observando impotentes cómo sube el costo de vida, en medio de variables microeconómicas en franco derrumbe.
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