Sumido en el desempleo forzoso, ex canterero padece las secuelas del abandono municipal
Rodeado de herramientas que alguna vez le brindaron el sustento, don Jacinto hilvana en su rostro la imagen de la decepción acumulada por años apostando su esperanza, una vez más, en la persona que ocupará el sillón municipal después de las elecciones.
En un recodo rodeado de un escenario natural asombroso pasa sus días don Jacinto Talavera, referente del duro trabajo y esfuerzo en las canteras del barrio Ysypoyú de Emboscada, quien a sus 68 años experimenta el amargo sabor del desamparo estatal, especialmente de las autoridades municipales, las mismas que, en su momento puntual, cada 5 años, se les acercan a pedir votos a cambio de coloridas promesas, entre ellas la opción de mejor vida para todos con trabajo digno, seguro social, cooperativa y salud integral, entre otras mentiras.
Hoy, este ex canterero deshoja margaritas por el destino que le depara a la familia, con su esposa en cama por una enfermedad crónica y el panorama desalentador de tener que acudir a terceros en busca de la atención negada por las autoridades.
El caso de don Jacinto es la copia fiel del desamparo que les aguarda a otros miles de sus ex compañeros cantereros que no tienen tiempo para pensar en el mañana sino en el hoy, duro y complicado, de tener que generar algún ingreso para el sostenimiento familiar.
Todos estos meses, en coincidencia con el año electoral, enjambres de copetudos candidatos se han multiplicado para «visitas de camaradería» a los trabajadores de cantera, munidos de soberbias promesas de cambio en el sistema de cosas para que puedan activar en un marco de dignidad laboral con servicios garantizados.
Todo ello, por supuesto, después de las votaciones de este domingo.
Lo que viene después, casi con seguridad tendrá condimentos similares o parecidos a lo que vienen padeciendo los cantereros desde hace décadas, cuando perder la vida detrás de una piedra gigante que no pudo ser dominada con la fuerza bruta de los brazos era contada como un incidente propio de la actividad para los comentarios de corrillo habituales.
De esos tiempos esclavizantes, hasta ahora, la situación prácticamente no ha cambiado: Los cantereros no cuentan con ni un solo esquema de vida y trabajo garantizado, sino promesas tapizadas en la piel curtida por el sol quemante, el sudor enardecido, el descuido abrazador y la desventura de remar siempre contra las adversidades.
Los más optimistas esperan que después de este domingo 4 de octubre el alma piadosa del próximo intendente cumpla por fin las promesas extendidamente postergadas en el tiempo y el espacio, para que la actividad de cantera, antes que la forma más sacrificada de obtener recursos, constituya una fuente de ingresos que merezca estimación y respeto con paga digna y servicio social respaldado en plenitud por el gobierno municipal.
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