Gran socio de Marito, el entonces ministro de la Senad colaboró con la alianza filtrando documentos sensibles que fueron manipulados para pulverizar las chances electorales del cartismo. Giuzzio fue asociado con un capo del narcotráfico en un caso aún impune.

Evidentemente, las instituciones no están funcionando, o al menos en la medida que se espera de ellas para instalar justicia y hacer respetar la seguridad jurídica echada en gorra por el gobierno de Mario Abdo Benítez.

Si funcionaran las instituciones, Marito y los exministros de la Seprelad, Senad y Senac, entre otros, no hubieran estado chicaneando a través de abogados tramposos para zafar los rigores de sus respectivos involucramientos, en grado de protagonista, en la entrega sin censura de documentos confidenciales de uso restringido con el único objetivo de desacreditar en grado sumo las chances electorales del enemigo a vencer, en este caso el cartismo que venía con amplia ventaja desde el primer momento de proselitismo con miras a las elecciones del 2023.

Carlos Arregui, Arnaldo Giuzzio y René Fernández han sido en su momento agentes del Ministerio Público y, como tales, conocen al dedillo las limitaciones de sus cargos, pero ellos decidieron llevar a la práctica la “obediencia debida” metiéndose hasta la coronilla en electoralismo a favor del patrón Marito, el mismo que se levantó en rebeldía contra el titular del movimiento que le salvó en dos ocasiones de ser destituido vía juicio político y recibió como recompensa una persecución feroz y despiadada como no se tiene antecedente en la historia política del Paraguay.

Haciendo uso y abuso de los medios aliados que les presentan como reencarnación de los dioses de justicia, los exministros Arregui, Giuzzio y Fernández, principalmente, como parte de los 8 jerarcas abdistas imputados por el sonado caso de filtración de documentación sensible, pelean una guerra aparte para esquivar su participación documentada en los hechos denunciados, que merecieron incluso una sanción fuerte de Gafilat (grupo de representantes de países de Latinoamérica contra el lavado de dinero) y precipitó la destitución con piolita del amigo de Marito, Carlos Arregui.

Cada uno de los exministros citados colaboró desde su ámbito de competencia con la causa abdista, facilitando documentación sensible que, aun más, fue manipulado arteramente en las trastiendas del palacio presidencial para ser entregado a la prensa cómplice que, de esa manera, unió su “esfuerzo” para pulverizar las chances electorales del cartismo en una carrera desenfrenada y violenta por el poder, teniendo a la vista las ventajas y beneficios sorprendentes obtenidos por los dueños de algunos medios aliados, entre ellos uno que “ganó” nada menos que 165 licitaciones multimillonarias, 42 de ellas de forma directa, mientras otro amigo mediático hacía de las suyas con su antigua e impune actividad de contrabando a gran escala, entre otros rebusques.

Mientras esto ocurría, la embajada americana miraba para otro lado, en sonora complicidad contra el cartismo luego de tender una mano generosa al abdismo tras declarar “significativamente corruptos” a 8 jerarcas del Partido Colorado, sin hacer siquiera mención o amague sobre corruptos abdistas o de algunos de los partidos opositores, documentadamente descriptos como rapiñadores de recursos públicos en sus variadas especificaciones.

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