Apreciado en extremo, el lapacho amarillo despliega generoso gracia y colorido para llenar de alegría los ojos y el corazón de la gente. Una maravilla de Dios al alcance de la mano.

El amado tajy amarillo se adelantó a la primavera paraguaya para desplegar gracia y exuberancia colorida en todos los rincones del país.

Se trata de una especie nativa de la vegetación de nuestro país y sectores de países vecinos e incluso del Uruguay que la admiran y conservan con pasión y admiración.

Por su icónica belleza también se la cultiva en zonas urbanas, y a más de ello el árbol es empleado en la medicina alternativa como tratamiento para diversas dolencias.

Según el manual de fitoterapia, su corteza se utiliza para el tratamiento de diabetes, úlceras, gastritis y otros males relacionados con el estómago, enfermedades del hígado, asma, bronquitis, dolor de las articulaciones, hernias, forúnculos y heridas.

Entre sus acciones farmacológicas, la corteza también se emplea para combatir diversos tipos de hongo dermatológico y tradicionalmente, por vía interna, como astringente, antianémica, hipotensora, revitalizante, hipoglucemiante, antiinfecciosa urinaria, antitumoral, antimalárico e incluso contra la afección por tripanosomas.

A nivel poblacional es admirado por su arrollador encanto traducido en sus amarillas y vigorosas flores desplegadas con arrebatos de frenesí ante los ojos sorprendentes de viandantes que no dejan de resaltar esta maravilla de Dios desplegada como velo seductor en cada rincón de esta tierra.

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