Lamentable y humillante: Este hombre llegó con infarto al hospital pero debió entrar a la fuerza para ser atendido tras una espera de más de 15 minutos, que pudo ser fatal para él. Víctimas exigen la inmediata intervención de la ministra de Salud, María Teresa Barán.

“¡Una silla de ruedas por favor!” se oye sonoro en medio del quemante calor de este domingo en las afueras del Hospital del Corazón (ex Hospital San Jorge), hasta donde acudieron desesperados familiares de un hombre en busca de auxilio ante un posible caso de infarto.

La ansiedad por una atención inmediata y de calidad se enfrenta a la realidad dolorosa que se vive en ese centro sanitario descuidado y plagado de irregularidades que expone el perfil de incompetencia, inoperancia e incluso negligencia que se respira a cada paso con quejas de todos los calibres ante funcionarios igualmente irritados por los disparos verbales de los indignados.

Al llegar al hospital, los interesados se encuentran con la falta de lugares para estacionar y en la emergencia debe hacer malabares para lograr aparcar.

Ni bien acceden como pueden al acceso de Urgencias se encuentran con la ingrata sorpresa de que no hay sillas de ruedas y mucho menos asistentes para trasladar a los enfermos hasta cercanías del único consultorio donde atiende extenuado un solitario médico, a la sazón encargado de más de 20 internados más los pacientes que llegan sin pausas, la mayoría con síntomas de infarto, y requieren de atención inmediata.

Cada segundo cuenta en la vida de una persona infartada o con otro tipo de dolencia cardíaca grave, pero esto es un detalle menor en el Hospital del Corazón dependiente del Ministerio de Salud Pública, debido a la falta de respuesta rápida, la escasa cantidad de médicos y personal auxiliar extendidamente insuficientes para satisfacer la alta demanda, más aún en esta época de infartante calor, y ni hablar de medicamentos con una farmacia sin provisiones que obliga a los pacientes a rebuscarse extramuros.

“Es todo lo que podemos ofrecer, no damos para más”, contesta entre dientes un afligido personal de blanco mientras recibe improperios de parte de una mujer que reclamaba a gritos ser atendida y mostraba síntomas de aguda molestia en la zona pectoral.

En la eventualidad, familiares de pacientes armados de coraje atropellan el consultorio pidiendo a gritos atención inmediata, mientras otros que están en lista de espera elevan su protesta también a los gritos convirtiendo la rebosante sala en un zoco árabe donde gana el más fuerte.

Esto sucede en las narices de las autoridades sanitarias, sin que nadie muestre señales de reacción.

“Seguramente estarán disfrutando sus vacaciones en alguna playa paradisíaca, mientras los enfermos del corazón debemos enfrentar este desastre y rezar para no morir víctimas de la falta de atención oportuna y adecuada”, afirmó cansino un paciente mientras aguardaba el bendito turno que nunca llegaba.

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