Marito no se animó a dar la cara ante el nuevo Congreso dominado por cartistas. «Es un mentiroso», disparó el senador Basilio Núñez sobre el informe de gestión, tras señalar que omitió la situación real de desastre que le causó al país.

El presidente de la República en funciones, Mario Abdo Benítez, brindó su protocolar informe a la nación oculto detrás de una cámara de video donde desplegó 40 minutos de rebuscados pretextos que en todos los casos sacaron a relucir sus logros calificados de mentiras, omitiendo artera e interesadamente la cruda realidad de su gobierno colapsado por las necesidades, muertes prevenibles en pandemia, corrupción generalizada con rapiñajes multimillonarios de los fondos públicos, inseguridad rampante con 9 denuncias de robos y asaltos por minuto, pobreza extendida a nivel poblacional, servicios descompensados y, como plato principal, la entrega servir del Estado paraguayo al gobierno de Estados Unidos.

Ante la atención de los electos senadores y diputados, Marito habló de forma virtual detrás de una cámara filmadora y se jactó en primer lugar de la “tolerancia democrática”, a pesar de los miles de correligionarios colorados que fueron echados a la calle y perseguidos en sus puestos de trabajo por no plegarse a su electoralismo continuista.

Sin ruborizarse expresó que consolidó la democracia y desplegó la transparencia gubernamental, cuando la realidad señala que gobernó tomado de la mano con aliados puntuales de la oposición y los holdings mediáticos amigos que le tendieron alfombra roja para evacuar sus caprichos personales y sectarios contra no alineados, y la impunidad durante toda su gestión.

El cartismo, de la misma línea ideológica política colorada supuestamente defendida por Marito, fue considerado poco menos que paria y radiado de los círculos de poder oficial, pasando a una llanura infame donde fue víctima de una persecución y odio hasta extremos inimaginables, con la atenta colaboración de la oposición agavillada con holdings mediáticos aliados en unidad granítica.

Marito pintó un país imaginario, irreal, fantasiado y hasta delirante.

Pasó de largo la inseguridad lacerante que golpea al país con 9 denuncias de robos y asaltos por minuto y obliga a la gente humilde y desprotegida a guarecerse como puede del acoso inclemente de bandas delictivas que convirtieron las calles del país en territorio liberado.

La gente no olvida el golpe propiciado por Marito al grupo Lince por el solo hecho de haber sido creado por Cartes para dar respuesta rápida a los llamados de socorro de la gente acosada o víctima de delincuentes.

El presidente de la república saliente tampoco mencionó la situación de calamidad en que se encuentran la salud y la educación, con hospitales colapsados de pacientes insatisfechos e insumos ausentes, y escuelas con falta de infraestructura, sin contar el contenido decadente de las lecciones en las aulas y el acoso impertinente de jaurías de oenegistas y afines por la instalación de la perversa ideología de género con la ayuda mediática amiga.

Ni una mención creíble y realista realizó Marito en su informe acerca del narcotráfico que corroe la seguridad nacional y que pone al país en diarias menciones internacionales sobre el crimen organizado.

Marito ha conformado un gabinete anticartista por encima de carteras comprometidas con el país.

Cartes ha sido la víctima propiciatoria de sus desquicios gubernistas, a pesar de que el expresidente de la República le cedió votos vitales para ser ungido jefe de Estado en el 2018 y salvarle de dos juicios políticos por inutilidad en el más alto cargo ejecutivo de la nación.

Los principales enemigos del Paraguay no han sido la pobreza, la inseguridad, la pésima educación, los enfermos sin respuestas, las víctimas de la inseguridad ni los millares de desempleados esparcidos por el país, sino Horacio Cartes, el mismo que le infligió una dolorosa derrota electoral y le pone en línea de posible reo en Tacumbú.

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